Para el observador superficial, la respuesta a la pregunta que titula este artículo parece evidente. Si uno pasea por las calles de Madrid, Barcelona, Sevilla o tantas otras capitales de provincia durante las semanas estivales, se encuentra con una estampa recurrente y promovida con entusiasmo por las instituciones públicas: las marchas del llamado "orgullo gay".
Estas manifestaciones, lejos de ser meros eventos privados, se configuran hoy como verdaderas liturgias civiles del Estado posmoderno. Son la plasmación visual y ruidosa de una nueva ortodoxia antropológica que ha sustituido los símbolos de la Cruz por la bandera arcoíris en las fachadas de nuestros ayuntamientos.
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| Las calles de las capitales españolas convertidas en escaparate de la nueva ortodoxia civil.. Fuente: EL PAÍS |
La radiografía del desierto: lo que dicen las estadísticas
Esta mutación de las costumbres públicas se traduce fielmente en la frialdad de los datos demográficos. Las estadísticas oficiales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) confirman lo que la experiencia diaria nos dicta: la paulatina disolución de la sociología católica tradicional en nuestra patria.
Si analizamos las cifras recientes, el panorama es el siguiente:
Indicador Religioso en España Porcentaje de Población
Católicos (Total) ~53% - 55%
Católicos Practicantes ~17% - 19%
Ateos, Agnósticos o Indiferentes ~40%
Dato generacional: Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el porcentaje de no creyentes supera ya el 60%. La transmisión de la fe a través de las estructuras familiares y educativas convencionales se encuentra colapsada.
España, históricamente el "martillo de herejes" y "luz de Trento" cuenta hoy con un porcentaje exiguo de población dispuesta a declararse católica practicante. El barniz sociológico se cuartea. Mientras, los pastores siguen encantados con la situación y en parálisis y falso conformismo ante las "nuevas realidades" woke como Hakuna y Effeta.
El Estado Confesional: Una condición necesaria pero insuficiente
Ante esta deriva, el pensamiento contrarrevolucionario y tradicionalista no puede caer en la nostalgia inoperante ni en el mero lamento. Es imperativo revisar nuestras bases teóricas.
Muchos sectores de la reacción confían toda la solución a la restauración de un 'Estado confesional'; es decir, un ordenamiento jurídico que reconozca explícitamente la religión católica como la única verdadera y la base de sus leyes. No nos engañemos: el Estado confesional es necesario, porque el poder político tiene el deber moral de reconocer la realeza social de Jesucristo. Sin embargo, en el contexto actual, es profundamente insuficiente.
Un decreto ley no convierte las mentes ni los corazones. Un artículo constitucional no devuelve la piedad a un pueblo que ha vaciado sus iglesias. Confiar la restauración de la fe meramente al aparato coercitivo o burocrático del Estado es caer en el mismo estatismo jacobino que combatimos, pero con signo inverso.
El paralelismo con Álvaro D'Ors: La reconstrucción de la Cristiandad
Es aquí donde cobra vigencia el pensamiento del maestro y jurista tradicionalista Álvaro D'Ors. D'Ors comprendió con lucidez que la crisis de la Modernidad no era simplemente un problema de leyes defectuosas, sino de la destrucción misma de la noción de Cristiandad.
Para D'Ors, la Cristiandad no se reduce a una estructura estatal centralizada, sino a una red orgánica de cuerpos intermedios imbuidos del espíritu evangélico. Frente al Leviatán estatista, el pensamiento d'orsiano nos recuerda:
1.La primacía de la comunidad sobre las estructuras: El derecho y la convivencia deben brotar de la fidelidad concreta de las familias, los municipios y los gremios a la ley natural y divina.
2. La insuficiencia del poder formal: Si la sociedad civil está corrompida por el materialismo y el relativismo, un gobierno teóricamente católico gobernará sobre un cementerio espiritual.
3. La Cristiandad como tarea viva: La Cristiandad se edifica desde abajo hacia arriba, defendiendo los fueros de la Iglesia y la autonomía de las comunidades frente a la intrusión estatal.
El deber del presente: Formar lazos Tradicionales y Tradicionalistas
¿Qué hacer, entonces, mientras las estructuras políticas sigan en manos de una oligarquía anticristiana? La respuesta del tradicionalismo histórico es clara: la resistencia a través de las realidades concretas.
No podemos cruzarnos de brazos a esperar un cambio político mesiánico. Mientras se trabaja por la reconquista espiritual de la patria, nuestro deber prioritario es formar y tejer lazos tradicionales y Tradicionalistas.
Esto significa levantar "islas de Cristiandad" en mitad del océano paganizado:
1. Lazos tradicionales: El fortalecimiento de las familias numerosas y recias, la recuperación de las devociones populares de arraigo local, el apoyo mutuo en el trabajo, el arraigo a la tierra y la preservación de la memoria histórica de nuestros mayores.
2. Lazos Tradicionalistas: La articulación política, cultural y doctrinal de aquellos que guardamos el fuego de la legitimidad y la Tradición política española. Crear círculos de estudio, escuelas de pensamiento, foros de debate y redes de asociacionismo católico que actúen al margen del sistema de partidos.
España ha dejado de ser católica en sus instituciones y en sus mayorías estadísticas, sí. Pero la continuidad histórica de las naciones no la deciden los barómetros del CIS ni las pasarelas del orgullo de una temporada. La continuidad reside en la minoría fiel que custodia la llama en las catacumbas de la modernidad, tejiendo la red comunitaria que, tarde o temprano, volverá a dar savia al viejo tronco de las Españas.
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